miércoles, 4 de junio de 2014

Critica mutante "X-Men: Días del futuro pasado"

El evento mutante del año había llegado, y yo no estaba dispuesta a perdérmelo. Gracias a Sensacine tuve el honor de asistir al preestreno de “X Men: Días del futuro pasado” junto a la mejor de las compañías y con mis mejores galas: un disfraz casero de Pícara (pero de la guay). Tras el hilo de esperanza que abrió su predecesora “X-Men: First Class”, la ilusión con la que me senté en la butaca no se puede describir.  Estaba a punto de ser testigo de uno de los mayores cambios a los que se enfrentaba el universo X-Men.


“El mundo ha cambiado”, que diría Galadriel. Asolado por la mezcla inestable y arrolladora de miedo y aniquilación, la raza humana ha conseguido llevar a los mutantes casi a la extinción. El precio ha sido la destrucción de la civilización tal y como la conocíamos y llevar a la Tierra a sus últimas bocanadas. Gracias a los Centinelas, unas máquinas desarrolladas expresamente para cazar y matar mutantes, su búsqueda por el equilibrio de especies se ha convertido en una carrera contra reloj para sobrevivir.


En medio de esa vertiente escurridiza de pequeñas (pero impresionantes) peleas en un corre que te pillo, el alarde de poderes se magnifica: son lo único que les separa de una muerte segura y aquello por lo que les persiguen. Aunque han encontrado una forma de eludirlos, deben ir más lejos y cambiar ese fatal destino que asolará a mutantes y humanos.

En un intento desesperado, el último y pequeño grupo se aprisionará en una fortaleza que puede ser su única vía de escape o su final. Una última carta bajo la manga les darán esperanza: enviar la mente más fuerte de todos ellos al pasado para cambiar los hechos que originaron aquella masacre. Lobezno, el único inmortal de la sala, levanta las garras y se prepara para volver a los 70. 


Su objetivo: convencer a una inestable Mística de no desatar la irá de la humanidad contra ellos. Para lograrlo deberá reunir a las dos personas que más se detestan mutuamente, un joven y desorientado profesor Xavier, con un preso y poderoso Magneto. 

En el camino moral hacia lo correcto y lo que se necesita hacer, vivirán sus primeras dudas. Es una
delicia para todo amante de la Patrulla poder ver aquello que origino el cambio, las motivaciones personales de los jefes más importantes del mundo mutante. Su evolución, tanto de poderes como personal, así como sus relaciones con el entorno, serán uno de los puntos fuertes de la película.

La introducción de nuevos personajes, además del carisma único de cada uno, añade un valor enorme. Así por ejemplo podemos ver a un Mercurio joven e intrépido, con un humor tan ágil como sus destrezas innatas. En un alarde de virtuosismo, la química en pantalla entre todos y cada uno de los protagonistas impregna la historia de ese magnetismo que tanto amantes del comic como visionarios de la serie echábamos de menos. 

Estableciendo conexiones históricas nos expondrán los peligrosos avances en ciencia mutante que dañarán el futuro para siempre. Llevados por la ira y el odio, la venganza y el miedo dominarán una balanza que solo la esperanza en el ser humano puede equilibrar. Un componente difícil de controlar y que será el único aliado real con el que cuenten. 

Entre verdadera tensión, acción a raudales, y la constante sospecha de que todo ha cambiado nada más empezar, la película transcurre bajo un ritmo acelerado que absorbe por completo los sentidos.
Entre esos pequeños momentos cómicos  tan característicos de nuestros mutantes favoritos y las paradojas temporales, parece que se abren camino hacia una nueva Era de mutantes. Una página en blanco de la que no conocemos aun qué ocurrirá ni quién estará para contarlo. 


Añadiendo esos detalles que echaba de menos en los primeros intentos de llevar a la Patrulla al cine, y que conectan en un mismo medio comic-dibujos-películas, por fin empieza a perfilarse el carácter de un bebé que ha necesitado muchos años para madurar y perfeccionarse.

 

La cumbre de los X-Men ha llegado, dejando el listón muy alto para futuras (y aseguradas) entregas.

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