viernes, 25 de octubre de 2013

Capitán Phillips: historias de la mar

Aprovechando la #FiestaDelCine con sus entradas a 2’90€ y sufriendo sus interminables colas, tuve la oportunidad de ver la historia real de Richard Phillips, el capitán coraje que sufrió el primer secuestro de un barco estadounidense en doscientos años. Una visión cercana y realista sin pretensiones que te pone en la piel de una situación a la orden del día. Simple y sobrecogedora, Capitán Phillips es una película cocinada a fuego lento, ideal para los amantes de las cintas humanas que no tengan prisa.


El argumento, en un alarde de cercanía y visión dual, comienza poniéndonos en la piel del Capitán de barco mercante, un canoso y envejecido Tom Hanks, y la carga psicológica de recorrer una ruta que pasa por el cuerno de África. Cuando aún nos estamos ubicando, el panorama cambia completamente para ponernos en la piel de los pescadores convertidos en piratas a la fuerza. Si única posibilidad de seguir con vida es echarse a la mar y arriesgarlo todo para pescar a un pez gordo a cambio de un rescate.

Una dura realidad que parece sacado de una película de aventuras marítimas cuando en realidad es asidua en la sección de noticias internacionales. Un trabajo honrado y sacrificado que se ve diezmado constantemente por el salvajismo autárquico de aquellos que comercian con la vida de seres humanos a cambio de seguir viviendo en un mundo donde prima la ley del más fuerte. 

Pasando por la tensión de no estar seguro en ningún momento, los esfuerzos sobrehumanos que realiza Phillips por proteger su barco, y ante todo a su tripulación, son dignos de enmarcar. Una mente que ante las circunstancias tiene que valerse de su ingenio para ganar tiempo, y mantener una situación tensa e inestable bajo control. Una faceta de relajada indiferencia esconde un miedo atroz a perder la vida en medio de un abordaje turbulento.
Unas actuaciones brillantes que te permiten distanciarte de la pantalla y acercarte a un documental, un retrato intimista que te martillea la cabeza cuando piensas el horror y la desesperación que tuvieron que sufrir los valientes protagonistas reales. Y que sigue dejándote sin aliento cuando te percatas de que no es una historia aislada y esporádica, sino que en la rutina del mar hay cientos de historias así.
La película trata con mimo y cariño una historia delicada. La presenta en su jugo, sin adornos de ningún tipo ni espectacularidades hollywoodienses, pintando un relato que impacta por sí mismo. Una situación que se les va de las manos y deriva en una acción política con repercusión social donde el Gobierno se ve obligado a intervenir. 

La cinta lleva la firma del director Paul Greengrass, experimentado en historias reales como la de United 93, el avión del 11S, y encargado de otros films como Green Zone. Distrito protegido o El mito de Bourne y la última dela saga (hasta la fecha) con Damon de protagonista, El últimatum de Borune.


Visualmente, una angustiosa experiencia que la cámara explota al máximo mezclando planos primerísimos y casi imposibles, con un silencio sobrecogedor que se rompe por unos diálogos que te sumergen en la desesperación de un hombre. 

Tranquilo Irish, todo va bien.

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