jueves, 17 de octubre de 2013

ZHIGE ALU: la leyenda de una etnia china

De la mano de Henkuai me llega una invitación para asistir a la presentación en exclusiva de una apuesta diferente e independiente: Zhige Alu (支格阿), la primera película que se adentra en la cultura Yi () para acercarnos un mundo completamente distinto. Capitaneada por los propios integrantes de la etnia, se han abierto paso (no sin esfuerzo) hasta el mercado occidental para mostrarnos las leyendas de su pueblo. Sin pensármelo dos veces echo al bolso mi diccionario de mandarín y pongo rumbo al Hotel Meliá Castilla.


Rodeados de un aura de misterio, los compañeros allí presentes tampoco saben que nos vamos a encontrar. En medio de la expectación se abren las puertas para recibir al director de la cinta (Yi Yang Wan), los productores  y los actores principales (entre ellos el protagonista Gee Lu Yi), todos ellos ataviados con las ropas típicas. Una explosión de color nos deslumbra, y los periodistas de medios chinos y españoles aprovechan el despiste para provocar una lluvia de flashes. 

Nos conducen a través del interior del hotel por un camino empapelado de los posters de la película para llegar finalmente a una sala donde podremos hablar con el reparto y los responsables de aquella aventura. Sentada y bien posicionada, presto atención a la odisea que ha vivido el equipo para cumplir su sueño


El pueblo Yi, una de las 56 etnias reconocidas oficialmente por el Gobierno chino, se juntaba alrededor de un viejo proyector para disfrutar del séptimo arte. Cautivado por la magia del cine, y por las emociones que transmitía a su gente, Yi Yang Wan se propuso una meta: que la historia de su cultura llegara un día a conquistar los corazones de otras personas de la misma forma que el cine había hecho con los suyos. 

Unidos por la tradición se pusieron manos a la obra. Un grupo de idealistas abriéndose paso en un mercado competitivo y dominado bajo los titanes de los thriller de presupuesto astronómico. Lo que parecía una derrota segura que se ha convertido en la culminación de un sueño en forma de narración fílmica de la epopeya de su cultura, influenciada por el taoísmo, el budismo y las religiones locales.

 El resultado es la evolución de un campesino a héroe local, en su afán por desafiar a los dioses por las injusticias que exigen bajo la tiranía y la dominación de un pueblo indefenso. Bajo esta historia se esconde en realidad las bases de su tradición y su forma de pensar, un recorrido por las creencias y los mitos. En su camino se encontrará con desafíos imposibles que pondrán en peligro su vida y la de quienes le rodean. El destino le irá descubriendo grandes verdades y su naturaleza interior.
Un hombre de corazón puro, amable, sabio y valiente, que debe luchar contra la ira de un Dios insatisfecho. Una perspectiva humana sobre la rama del ancestro más venerado de los jóvenes, salvando a la gente y confrontándose con dioses,  todo el camino perseguido por demonios y con la ayuda del caballo Pegaso. 

Comienza la rueda de prensa. Entusiasmados por su primer viaje a España, el equipo técnico y el reparto contestan eufóricos a las preguntas. Nos transmiten su deseo de acercar dos folclores muy distintos en un intento por mostrar la riqueza culturar de su país. 

Nos regalan una mirada detrás de las cámaras y presentan el making off. Un esfuerzo sobrehumano por adaptarse a las nuevas tecnologías y adaptar una historia legendaria. El coloso de efectos especiales que bañan la película esconde tras de sí un soberbio esfuerzo técnico y un despliegue de medios sorprendente. 

Tras este alarde, los actores no quieren irse sin ofrecernos algo más de su pueblo, y agarrando el micrófono nos deleitan con uno de los cánticos típicos de sus tierras. Aún con el shock en el cuerpo de estar ante miembros de la etnia Yi, engalanados  con sus esotéricos ropajes y haber presenciado entre risas y aplausos una representación musical, nos damos cuenta que aún no han terminado las sorpresas.

Levantada la sesión oficial, brindamos con champan mientras periodistas y actores nos pedimos fotos mutuamente. En un ambiente distendido y relajado, donde el idioma no es un problema aunque no se diga ni una palabra, las conversaciones amenas llenan la sala. El espacio se empieza a quedar pequeño y la familia culturalmente internacional se traslada a un restaurante japonés para terminar la celebración de su película.


Entre sushi y brindis de cerveza cerramos una noche tan asombrosa como enriquecedora en una oportunidad de experimentar otra forma de pensar, de vivir y de sentir.

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