miércoles, 30 de octubre de 2013

El Mayordomo: historia racial en la Casa Blanca

Y llegó el último día de la #FiestaDelCine a 2,90€. Como no podía ser de otra forma puse rumbo al cine para cumplir con mi deber. Tras haber aprendido la lección, esta vez fui con tiempo de sobra y el saco de dormir bajo el brazo por si acaso. Con una cartelera llena de apuestas mi atención se fijó esta vez en un drama basado en hechos reales sobre una figura prácticamente desconocida: la vida de Cecil Gaines, mayordomo de la Casa Blanca durante el mandato de ocho presidentes. Una mirada desde otra perspectiva de los cambios históricos más importantes que acontecieron en el Imperio estadounidense de la edad moderna. Emotiva y cercana, me tocó la fibra de debilidad por temas históricos.


Una narración en primera persona nos invita a ser testigos de uno de los protagonistas silenciosos de la evolución por los derechos raciales en una de las potencias con más poder en el mundo. Un joven Cecil que te atrapa desde el primer momento en su dura lucha personal por sobrevivir. Sin esperar melodramatismos, la cinta analiza los momentos de su vida con mano dura y fría, sobrecogiéndote por momentos.

Cecil (un impecable Forest Whitaker) crece y se va abriendo paso por la hostelería, un empleo de lujo solo a mano para aquellas personas de color serviciales que tuvieran claros sus orígenes. Una mezcla de superación y frustración ante una época por fin extinta que sin embargo es transcendental para entender la evolución del mundo. 

Pero el destino abre ante él una oportunidad sin precedentes y comienza su andadura por la casa blanca. Desde el estricto protocolo, su absoluto silencio y pasividad ante cuestiones de estado, Cecil será testigo de primera mano de una visión en la sombra de la política estadounidense.

Desde un calculador y tradicional Eisenhower, pasando por el sueño americano de Kennedy, y sirviendo en los mandatos de Johnson, el obcecado Nixon y Reagan, entre otros. Cecil vivirá a la sombra de los grandes hombres, viendo sus dudas y sus esfuerzos como pocos han tenido la oportunidad de hacerlo. Una faceta de la película que me recuerda a la epopeya histórica que Spielberg hizo con Lincoln, con una visión más oscura y épica, dando el primer paso a la abolición de la esclavitud.

El reparto está a la altura de una historia humana, que no duda en mostrarte los duros problemas por los que pasarían todos y cada uno en aquel momento. Un relato que eclipsa unas actuaciones brillantes que te erizan la piel. Acompañado por sus inseparables amigos de labores Carter (Cuba Gooding Jr.) y James (Lenny Kravitz), llegarán a formar parte de su propia familia dentro y fuera de la Casa Blanca. 

Al mismo tiempo que la revolución de color iba cogiendo fuerza en la televisión del despacho oval, el tema en su familia se volvía delicado. Gloria (una soberbia Oprah Winfrey), su esposa, una mujer con problemas notaba cada día más la ausencia de su marido, cuya implicación en cuestiones familiares estaba inversamente relacionada con su importancia en la Gran Casa. Su hijo mayor, Louis (David Oyelowo) sentía la necesidad de hablar por su pueblo, y entre viajes a la cárcel y palizas fue protagonista en primera fila de la continua batalla por los derechos universales.


Un ejemplo de lucha idealista que abrió la puerta al futuro mientras iba enterrando amigos por el camino. Codo con codo con un jovencísimo Martin Luther King, está visión era tachada en la política y apaleada en la calle, mientras el presidente se debatía sobre lo correcto y lo necesario. 

La cinta ofrece un recorrido por los momentos claves de la historia norteamericana en una doble vertiente: por un lado la dura experiencia que se vivía en las calles, enfrentado a la luminosa solemnidad con la que ocurría todo de puertas para dentro. Momentos que hemos vivido presentados desde otro ángulo, que aun reconociendo los hechos y las consecuencias logran deslumbrar y emocionar por su cercanía y empatía.

Lee Daniels es el director encargado de traernos esta obra de arte visionaria sobre la historia racial en Estados Unidos, aunque ya se había ganado a la crítica y al público con el drama persona Precious.

En El mayordomo tenemos dos protagonistas: la figura de Cecil y su historia personal por un lado, y la férrea mentalidad que no se doblegó y permitió cambiar el mundo para que llegara a ser lo que conocemos hoy en día. El recorrido por una vida de sacrificio y aceptación, que en sus últimos años se dio cuenta de lo que habían conseguido y por lo que merecía la pena luchar.



Una pelea que se sufrió en las calles a base de gritos y que recorría los pasillos de la Casa Blanca dando ejemplo de confianza y silenciosa entrega, abriendo las puertas a la aceptación. Para al final, después de tantos años y tanto esfuerzo, terminar con el increíble momento (impensable para muchos) en el que Barack Obama tomara posesión de su cargo.

No oirá nada ni verá nada, sólo servirá.

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