jueves, 16 de febrero de 2012

La vida de los otros: asombrosa

Nos situamos en el tiempo. Berlin Oriental bajo la administración de la Unión soviética durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En ese periodo nos centramos en los últimos años de existencia de la RDA, y el control ejercido por la policía secreta (Stasi) sobre los círculos intelectuales. 




Partiendo de una situación tan completa como la Guerra Fría en la Alemania rusa, la película comienza mostrando un pequeño ejemplo de lo que es capaz un Capitán: Gerd Wiesler (Ulrich Mühe). Realizando un interrogatorio a un "sospechoso" de escribir exaltando sentimientos occidentales y a la vez mostrándolo como ejemplo a una clase de estudiantes (futuros miembros de la Stasi). Simplemente con esta presentación ya nos dan a conocer a un convencido comunista despiadado que no duda ni un segundo en usar los métodos de interrogatorio que considere oportuno para obtener lo que desea. Se nos da a conocer también que si haces preguntas eres tachado, o marcado como posible insurgente o enemigo del régimen (el alumno que levanta la mano y cuestiona los métodos usados). Cansar al interrogado, presionarlo con su familia, y la muestra de olor para los perros en caso de tener que perseguirlo, esos son algunos ejemplos con los que se persiguen a los peores enemigos del régimen, los que pueden causar un revuelo y a los que hay que frenar a toda costa: los intelectuales, los periodistas y escritores, capaces con sus palabras de promover, exaltar o simplemente plantar una idea contraria a la República Democrática Alemana.

Ya nos han dado las bases, ahora nos metemos con la trama principal, desarrollada de forma sencilla y acelerando el ritmo cada minuto. Tras una obra de teatro, le encargan al capital Wiesler la vigilancia del dramaturgo Georg Dreyman (Sebastian Koch), escritor fiel al régimen de la RDA. Obviamente lo que el Capitán no sospecha es que el ministro de cultura Bruno Hempf ha marcado al escritor como elegido porque quiere quedarse con su novia (a la que ya maneja sexualmente a su antojo bajo presión de cortar su carrera artística y unos fármacos ilegales que ella necesita).

Una de las escenas más frías (pero que a saber cuantas veces han tenido lugar en la historia) es cuando, marcado el objetivo, los agentes se cuelan en casa del escritor para colocar escuchas, y micros por todas partes. Tras esto tendrán siempre, las 24 horas del día (por turnos), vigilada a la pareja.  Este espionaje le permite al Capitán no solamente estar al tanto de cualquier conversación importante para el régimen (y con ello transcribirla en el archivo del caso), sino que alimenta su insignificante y solitaria vida, desprovista de tratos personales. Ese contacto en el turno que el cubre representa el contacto con la esperanza, con el vislumbramiento de una posibilidad, de una vida mejor, la vida de los otros. También ha llamado mi atención la sobrecogedora habitación con todas las fichas de personas a las que se ha investigado por posibles sospechosas contra el régimen. Miles de fichas, cientos de cajones...


Película llena de realismo, y a la vez de significado. Uno de los símbolos que mas me ha gustado ha sido la corbata, cuando Christa-Maria Sieland. (Martina Gedeck), la artista y novia del escritor, le pide que se ponga una corbata para su cumpleaños. Esa corbata es un símbolo del capitalismo, de la clase dominante del país, y como ella misma dice "ponte las cadenas otra vez por mi", son las cadenas ante el conformismo de saber lo que ocurre y no hacer nada para evitarlo. En esa frase se puede concentrar toda la historia del film, esa rabia contenida hacia un sistema opresor y la impotencia de no poder hacer nada, aun teniendo las armas para ello, por el miedo a perder lo poco que nos queda de libertad (o la propia vida).

La actitud conformista de Dreyman (que representan a la sociedad) estalla cuando descubre que su amigo Albert Jerska, sin esperanzas de poder volver a trabajar en su profesión, se suicida. Esto es la gota que colma el vaso, y se decide a escribir un articulo que cambiara sus vidas. El Capitán Wiesler, atento en su vigilancia constante, lejos de destaparlos, les condece una tregua para ver hasta donde llegan, sin saber que con ello pondrá a prueba sus tambaleantes creencias, y su propio futuro.

No quiero comentar nada más de la trama para no estropear la película a aquellos que no la hayáis visto, pues realmente merece la pena ver hasta donde ha llegado al mundo. Cuando hablamos de las Guerras Mundiales o de la Guerra Fría todo el mundo parece haber leído un eje cronológico o saber que bandos se enfrentaban, pero estoy convencida de que muchos de nosotros tenemos una idea de lo que ocurrió que raramente abarque un 5% de lo que en verdad tuvo lugar. ¿Hasta donde llega el ser humano por sus convicciones? ¿Hasta donde llegan las cadenas de la libertad impuestas por nosotros mismos? Pero la pregunta más importante es quizás, ¿hasta donde estamos dispuestos a luchar por defenderlas? En La vida de los otros nos hablan de la esperanza, de una esperanza más poderosa que cualquier régimen y cualquier gobierno, la esperanza de un mundo mejor.

En el aspecto técnico me ha gustado mucho los momentos dramáticos en los que el sonido de la escena desaparecía para ser sustituido por una música suave que representaba la carga emocional del momento, como en el teatro en la primera media hora.

El personaje del Capitán Gerd Wiesler, interpretado por Ulrich Mühe, es asombroso, frio y tierno a la vez. Comienza siendo un bloque de hierro aferrado a su partido y sus camaradas, luchador en nombre del gobierno. Pero pronto ve una posibilidad, mantiene un hilo de esperanza interno de que aquello no es todo, puede que exista una remota posibilidad de que no acaben con el arte, con los artistas y con el mundo como él lo conoce. O quizás no sea consciente de ello y simplemente se deje llevar, cegado por sus instintos y su razón, hacia salvaguardar ese trozo de libertad que le queda dentro. El actor lamentablemente falleció un mes después de terminar la película, por cancer de estomago.

Otra de las razones para ver la película es sin lugar a dudas sus diálogos, que brillan por su sinceridad abrasadora: 
- "No les necesitas [al sistema]". "Tú también te acuestas con ellos". Ellos pueden destruirte porque a pesar de tu talento, ellos son los que deciden. Un momento intimo de dialogo que retrata todo el conformismo de una sociedad asustada de su propio gobierno.
- Conversación en el bar. "Buena artista y buen hombre". El arte frente a los intereses de personas con poder.
-"A los burócratas les resultan incómodos los suicidios, esos hombres apuntan tu nombre por la defensa y la felicidad de la nación". Increíble el articulo escrito causante de todo.
- [Refiriéndose a que el ayudante sea un intelectual] "No señor, no soy de esos". Ser intelectual esta mal visto, son la lacra de la sociedad, y hay que acabar con ellos.

"¿Cómo se llama tu... pelota?" La escena del ascensor con el niño y la pelota también es digna de mención, pues ahí ya se muestra a un Capitán conmovido ante la inocencia.
 
Ganadora de un Oscar a Mejor película de habla no inglesa (y multitud de premios) es una película histórica que retrata muy fielmente el ambiente en el que se vivía en la época, la opresión de la policía secreta, y los intereses políticos (y personales) de los miembros del gobierno.  Pero más allá de todo eso, es una película sobre luchas personales, libertad y justicia.

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