lunes, 11 de octubre de 2010

Mary and Max, ¡fascinante!


Cuando empieza la música crees que vas a ver una película para pasartelo bien, pero lo que no sabes es que delante tienes una joya en bruto aun por descubrir. De lo mejor que puedes encontrarte en animación, con un guión que te hará reflexionar y una fotografía que hará las delicias de los más exigentes.

Al principio piensas que va a ser la típica película de muñecos de plastilina que aprovechan los efectos para hacer alguna gracia o darle un toque humorístico al género. Es cierto que tiene detalles de un humor bastante retorcido debo añadir, pero "Mary and Marx" es brillante. De producción australiana, tras pasar (y triunfar) en festivales como Annecy, Berlin o Sundance entre otros, Adam Elliot y sus personajes han ganado el gran premio del Festival Internacional de Animación en Ottawa.

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Para empezar, los efectos visuales que se usan como el blanco y el negro constante resaltando únicamente algunos objetos en color (todos con un valor simbólico) todo en lo que el espectador se fija, o cree fijarse porque destaca, pero que en realidad si después piensas en ello, ese color no estaba puesto ahí por antojo del destino. Todo ello acompañado por una música perfecta para cada momento. Yo misma me he animado y he probado la técnica del Stop Motion que usa la película, que aunque no haya comparación, es un trabajo gratificante y divertido (aquí podeis verlo)

Debo señalar que en una película en la que la historia no sale de boca de los personajes (quienes apenas dicen un par de frases), es muy importante la ambientación acústica. Esas pausas de todo sonido que a veces se usan para que oigas tu propio corazón antes de un gran susto en una película de miedo, o para que sientas el mismo vacio que refleja un personaje en la pantalla. ¿Somos conscientes de esos detalles?
¿Quien nos cuenta la historia? Una mezcla de primera persona a través de cartas, un narrador fuera de la trama que añade alguna pincelada discreta para explicar algo que se ha podido escapar a la percepción de los individuos o que únicamente se dejaba caer sin asegurar nada, y una escenificación que habla por si sola tanto para respaldar lo que se dice como, enseñándonos como puede ser contado lo que vemos todos desde puntos de vista tan distintos a los comunes. 

Que mezcla de sensaciones más extraña me ha producido esta película en el estomago. Por un lado los personajes te dan pena, por sus dificultades, sus problemas, su incomprensión y rechazo por parte del mundo. Por otro nos hacen sentir ternura y simpatía al ser tan sinceros el uno con el otro. ¿Realmente nos mostramos como somos? ¿O acaso solo los niños y los deficientes pueden ser así de abiertos y sinceros sin temor a ser aislados? ¿Cuando crecemos perdemos esa inocencia que nos mostraba el mundo como algo enorme esperando para ser descubierto, y que nos hacia preguntas tan curiosas que pensábamos que cada persona era diferente entre si y que no veíamos dos iguales? Esa es una de las preguntas que la película nos ofrece para que nos la hagamos a nosotros mismos. Sin embargo, estos personajes también pueden hacernos sentir incómodos. ¿Realmente nos desquician algunos de sus comportamientos por que un personaje “normal” no tendría cabida en una película? ¿Solo son personajes? ¿Es necesario que alguien sea Max para sentirse como él? En la película hay algunos momentos que nuestra mente racional tacha de “esto no tiene ninguna lógica”, “se les ha ido la cabeza”, “ya no me gusta, es otra peli de plastilina irreal”. ¿Por qué pensamos así? ¿Por qué no intentar ver si eso quiere señalarnos algo que solo veremos si de verdad nos lo cuestionamos? La desesperación, incomprensión, rabia, aislación,… Todo eso son cosas que no son fáciles de mostrar en una película, como tampoco lo es explicar la fuerza de una amistad, pudiéndose borrar las fronteras que la delimiten. O la intensa búsqueda por la perfección normal que nos rodea y que es nuestro mayor fin en esta vida, contrastado con el vacio que nos queda si lo perdemos, o nos damos cuenta que no es lo que queríamos, sino solo lo que conocíamos o podíamos alcanzar de una forma sencilla. 
No puedo terminar esta referencia, crítica, opinión, o comentario propio, sin hablar de la perfecta sencillez usada para contar una historia tan compleja. Es impresionante como una visión que pensamos que es distorsionada, parcial, irreal, irracional, exagerada o infantil, nos puede revelar tanto sobre las personas, los sentimientos y las relaciones, siendo todo ello una lección para nuestros prejuicios y predisposiciones.

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